Reflexión 07 de noviembre:
Evaluación en el contexto escolar.
Evaluación en el contexto escolar.
¿Qué sabemos sobre la evaluación
en el contexto escolar? Es una buena pregunta, sobre todo para estudiantes de
psicología, ya que, en general los psicólogos y psicólogas saben poco respecto
a la utilidad de la evaluación, sin embargo, es de suma importancia comprender
su finalidad porque nos permite entender parte del rol del (la) psicólogo (a)
en los colegios. Esto debido a que las evaluaciones se pueden utilizar como
prácticas de inclusión o exclusión de los y las estudiantes.
Parte de entender este proceso es
utilizar un lenguaje común con docentes y otros profesionales del área educativa.
Es por ello, que se entenderá la evaluación como la emisión de un juicio
respecto al aprendizaje de un grupo de estudiantes. Esto implica la existencia
de un criterio para evaluar y explicitar qué es lo que se espera que el o la
estudiante sepa.
A partir de esto, se pueden
identificar tres instancias de evaluación: diagnóstica, formativa y sumativa.
Respecto a la evaluación diagnóstica, ésta nos indica el punto de partida de
los y las estudiantes, la formativa nos permite la evaluación del proceso y
finalmente, la sumativa, permite acreditar que los y los estudiantes lograron
los objetivos establecidos.
Es importante señalar que el
proceso de evaluación genera tensión, estrés y ansiedad en los y las
estudiantes, y esto, se produce por el uso indiscriminado y masivo de test,
pruebas estandarizadas, criterios fijos y escalas determinadas a verificar la
concreción de los objetivos, sin importar muchas veces, el punto de partida de
los y las estudiantes. Es necesario comprender que no todos los niños, niñas y
adolescentes aprenden de la misma forma, ni tampoco parten sabiendo lo mismo,
es por ello que es de suma importancia que la evaluación integre esta
perspectiva para asegurar un proceso correcto, que no genere un estrés
potencialmente peligroso para los y las estudiantes.
A partir de lo visto en clases,
es necesario definir la función de las evaluaciones, ya sea pedagógica o
social. Desde este punto de vista, la función pedagógica se enfoca en informar
respecto al proceso de aprendizaje, tanto al o la estudiante como al docente,
lo que permite mejorar este proceso. Mientras que la función social, se enfoca
en informar a las partes involucradas sobre los resultados cuantitativos de los
y las estudiantes (notas).
Es importante mencionar que las
funciones de igual manera influyen directamente en la percepción que los y las
estudiantes poseen de la instancia de evaluación, ya que mayoritariamente en
los colegios, la función es social, donde lo más importante es informar sobre
las notas, como si las calificaciones fueran un fiel reflejo del proceso de
aprendizaje, cosa que no es así. Como se mencionó anteriormente, es necesario
identificar el punto real de partida de cada estudiante, y a partir de esto,
enfocar el proceso de aprendizaje con su evaluación asociada.
Lo ideal, y la meta a alcanzar es
un paso continuo desde una función social a una función pedagógica, lo que
permitiría reflexionar y analizar el propio proceso de aprendizaje, lo que, a
su vez, aseguraría que los y las estudiantes aprendieran de acuerdo con su
propio proceso y desarrollo. Una evaluación que pretenda ser inclusiva debe
tomar, entre otras cosas, elementos que permitan la diversificación de la
instancia de evaluación, además de tomar en cuenta las consideraciones de los
propios estudiantes y permitirles participar en la construcción del instrumento
de evaluación. Si bien, tanto en el colegio, como en la universidad es
necesario el uso de calificaciones y la función social, la idea es que esta
función no se utilice de forma constante ni como el punto principal de
evaluación.
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