lunes, 12 de noviembre de 2018


Reflexión 07 de noviembre:
 Evaluación en el contexto escolar.

¿Qué sabemos sobre la evaluación en el contexto escolar? Es una buena pregunta, sobre todo para estudiantes de psicología, ya que, en general los psicólogos y psicólogas saben poco respecto a la utilidad de la evaluación, sin embargo, es de suma importancia comprender su finalidad porque nos permite entender parte del rol del (la) psicólogo (a) en los colegios. Esto debido a que las evaluaciones se pueden utilizar como prácticas de inclusión o exclusión de los y las estudiantes.
Parte de entender este proceso es utilizar un lenguaje común con docentes y otros profesionales del área educativa. Es por ello, que se entenderá la evaluación como la emisión de un juicio respecto al aprendizaje de un grupo de estudiantes. Esto implica la existencia de un criterio para evaluar y explicitar qué es lo que se espera que el o la estudiante sepa.
A partir de esto, se pueden identificar tres instancias de evaluación: diagnóstica, formativa y sumativa. Respecto a la evaluación diagnóstica, ésta nos indica el punto de partida de los y las estudiantes, la formativa nos permite la evaluación del proceso y finalmente, la sumativa, permite acreditar que los y los estudiantes lograron los objetivos establecidos.
Es importante señalar que el proceso de evaluación genera tensión, estrés y ansiedad en los y las estudiantes, y esto, se produce por el uso indiscriminado y masivo de test, pruebas estandarizadas, criterios fijos y escalas determinadas a verificar la concreción de los objetivos, sin importar muchas veces, el punto de partida de los y las estudiantes. Es necesario comprender que no todos los niños, niñas y adolescentes aprenden de la misma forma, ni tampoco parten sabiendo lo mismo, es por ello que es de suma importancia que la evaluación integre esta perspectiva para asegurar un proceso correcto, que no genere un estrés potencialmente peligroso para los y las estudiantes.
A partir de lo visto en clases, es necesario definir la función de las evaluaciones, ya sea pedagógica o social. Desde este punto de vista, la función pedagógica se enfoca en informar respecto al proceso de aprendizaje, tanto al o la estudiante como al docente, lo que permite mejorar este proceso. Mientras que la función social, se enfoca en informar a las partes involucradas sobre los resultados cuantitativos de los y las estudiantes (notas).
Es importante mencionar que las funciones de igual manera influyen directamente en la percepción que los y las estudiantes poseen de la instancia de evaluación, ya que mayoritariamente en los colegios, la función es social, donde lo más importante es informar sobre las notas, como si las calificaciones fueran un fiel reflejo del proceso de aprendizaje, cosa que no es así. Como se mencionó anteriormente, es necesario identificar el punto real de partida de cada estudiante, y a partir de esto, enfocar el proceso de aprendizaje con su evaluación asociada.
Lo ideal, y la meta a alcanzar es un paso continuo desde una función social a una función pedagógica, lo que permitiría reflexionar y analizar el propio proceso de aprendizaje, lo que, a su vez, aseguraría que los y las estudiantes aprendieran de acuerdo con su propio proceso y desarrollo. Una evaluación que pretenda ser inclusiva debe tomar, entre otras cosas, elementos que permitan la diversificación de la instancia de evaluación, además de tomar en cuenta las consideraciones de los propios estudiantes y permitirles participar en la construcción del instrumento de evaluación. Si bien, tanto en el colegio, como en la universidad es necesario el uso de calificaciones y la función social, la idea es que esta función no se utilice de forma constante ni como el punto principal de evaluación.

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