martes, 16 de octubre de 2018

Reflexión clase 3 de Octubre



Sobre las políticas de inclusión que queremos

Actualmente en nuestro país hemos asistido en varias oportunidades a los múltiples debates sobre la inclusión, sobre lo que necesitamos y sobre las acciones efectivas que pueden ser desarrolladas por diferentes entes que participan en variadas dinámicas, tanto en el plano local escolar, como general, en lo social y en lo cotidiano. Por ello, es que han surgido desde muchos actores, aportes y visiones sobre el panorama actual. La idea principal de inclusión en la educación supone estrecha relación entre acceso, participación, aprendizaje y permanencia, es decir, estos elementos son constitutivos de la inclusión, y centrales para re pensar los quehaceres actuales en materia educacional.
La Ley General de la Educación, en su artículo número 4  expresa que es deber del estado velar por la igualdad de oportunidades y la inclusión educativa. ¿Bonito, no? se lee como un verdadero agasajo para los ojos, y también para todos aquellos que creemos insistentemente en la necesidad de vivirnos en un mundo sin separaciones, sin exclusión, sin algunos tan lejanos de otros, los que creemos en que es posible disminuir brechas hasta el punto de que no existan más. Sin embargo, nos encontramos de golpe con una realidad radicalmente diferente a lo que quisiéramos, alejada rotundamente de lo que versa su legislación. Encontramos un sinnúmero de listados que posiciona a los colegios por sobre otros, ranking dentro de un mismo colegio en donde se margina a un niño por no ser como los demás, por no tener cierta nota o por no cumplir con cierta cualidad. Las pruebas estandarizadas por su parte, lejos están de favorecer la extinción de estas prácticas. Conforme pasan los años se han vuelto un especial aliado de la exclusión y la segregación, han fomentado un sistema cada vez más competitivo, frío y que cada vez va perdiendo su esencia, reemplazándola por incansables deseos de escalar en los listados, por superar todos los años la puntuación SIMCE o el puntaje promedio de la última generación que rindió la PSU. Pero es justo que aclaremos lo siguiente, no podemos culpar totalmente a cada establecimiento por compartir cada vez más la idea de la competencia, es necesario esclarecer a qué responde esta nueva lógica. Removiendo un poco en la historia de Chile, encontramos que en dictadura tuvieron lugar importantes modificaciones en el sistema educacional general del país, instaurándose nuevos pilares fundamentales que sustentarían-hasta hoy- esta torre inamovible de competencia, inequidad y exclusión. Desde la instauración de las lógicas mercantiles en el sistema educacional, cada colegio ha “sobrevivido” como ha podido, es cierto. Se permitió la creación de establecimientos subvencionados por el estado, que además reciben un aporte voluntario de los padres y las familias, lo que intensificó la competencia, para ellos-y a modo de regulador- es que se crearon las pruebas estandarizadas, que a su vez, fijan metas que los establecimientos deben alcanzar, sin importar que para ello dejen de lado otras funciones más nobles, como por ejemplo, ser un espacio de encuentro y relaciones sociales, que nutran a cada persona. Hace no mucho tiempo, siguiendo esta lógica y a modo de complemento, se crearon los Mapas de establecimientos, en ellos se categorizaba a cada colegio o liceo según los puntajes que logren cada año. En el mejor de los casos, accedían a más recursos, en el peor: El cierre definitivo.
Hemos visto como las ansias por acceder a más recursos y superar a la “competencia”, tal y como una empresa multinacional busca superar a otra, ha propiciado un escenario con grandes y difíciles desafíos. No es una labor simple, el entendimiento de la inclusión como un derecho humano y social, que debe ser garantizado para todos y todas, requiere de esfuerzos enormes que se acrecientan cada vez más, e involucra además la comprensión de esto tanto a nivel local, en espacios pequeños como la sala de clases, hasta aquellos más amplios como municipios, ministerios, entre otros. Pero también debe ir acompañado de un efectivo cambio cultural, que desborde el plano educacional, que recorra todos los espacios. Queremos inclusión en las salas de clases, en los patios y en los recreos, pero también en las calles, en los barrios y en los supermercados. A fin de cuentas, la escuela es el reflejo de la sociedad. A nosotros aún nos quedan bastantes acciones que realizar.

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